COMO CREAR UN AMBIENTE AMISTOSO INTER-CULTURAL
Los pastores necesitan abrazar el propósito de Dios para la civilización y la historia. Su propósito se expresa luminosamente en la carta de Pablo a los romanos: el llamar a un pueblo por su nombre y reunir a todas las naciones para la adoración en su casa. La visión de Dios de las diversas razas es mutuamente inclusiva para el Nuevo Israel. Ya que la visión de Dios para las naciones era la adoración multicultural, el mandato a Israel del Antiguo Testamento era claramente de sentido misionero y global.
El pueblo judío rechazó el llamado de Dios para la evangelización, pero los profetas corrigieron el rechazo de las naciones por parte de los judíos. Jesús puso en claro que el Reino era global, no simplemente local. En Romanos, Pablo nuevamente lo clarifica: “Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo. . . pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado ha conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe” Romanos 16:25,26
Se supone que el evangelio reúna del mundo un pueblo para Dios que sea como un ramillete exótico, mixto. El futuro de la iglesia, el más grande organismo en la tierra, es heterogéneo por voluntad cósmica, visión profética, e intención sobrenatural. Tenemos un mandato bíblico y pastoral para avanzar junto con Dios hacia una visión más heterogénea de la iglesia en nuestro tiempo, usando a romanos como nuestra guía.
La teología multicultural en romanos se despliega de la profunda comprensión de Pablo del propósito de Dios para las naciones en el Antiguo Testamento. Pablo vio el plan de Dios para las naciones como las buenas nuevas prometidas en los profetas Romanos 1:2 Su don como apóstol a las naciones está arraigado en el mandato bíblico de Dios a Israel, de que la salvación era para “todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” Romanos 1:16

EL PROPÓSITO DE DIOS
Desde el principio de las Escrituras, la intención de Dios era revelar sus propósitos para el mundo a través de su pueblo escogido, Israel Romanos 1:20; 3:2 Primero escogió a Abraham como el padre de los judíos. Dios llamó a Abraham de la antigua Babilonia. Abraham obedeció a Dios por la fe y fue circuncidado Romanos 4:11
Dios prometió hacer de Abraham el padre de muchas naciones, no solamente de los judíos Génesis 12:3; 17:5; Romanos 4:18 La relación de Dios con Abraham e Israel reveló sus propósitos y también el rechazo orgulloso de Israel de los tales Romanos 10:3
Dios eligió a Abraham y lo sacó de entre otros grupos multiculturales que adoraban a dioses paganos. Llamó a Israel para que rindiera culto solo a Él, y les enseñó a enseñar a otros a hacer lo mismo Romanos 2:17–21 Por medio de su pacto con Israel, el propósito original de Jehová era revelar su naturaleza a todas las naciones. Por intermedio del pueblo de Jehová, el Omnipotente quiso revelar su carácter a todas las naciones. Dios quiso valerse de Israel como ejemplo a todas las naciones: los prójimos debían amarse entre sí y cuidar los unos de los otros. Esto comprueba que desde la Creación Dios ha sido un Dios multicultural. Él dio a su pueblo una misión multicultural: traer a otros a nuestro pacto.

LA COMBINADA VISIÓN DEL PROFETA
En romanos, Pablo continuamente se refiere a los profetas, sobre todo a Isaías. Éste comprendió la pasión de Dios por la diversidad. En los profetas, Dios habló una palabra multicultural: “Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones” (Isaías 42:6). “Y los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle, y que amen el nombre de Jehová . . . yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos” (Isaías 56:6,7).
Pablo comprende la visión de alcanzar a las naciones, expresada por Isaías y los otros profetas, como salida del corazón de Dios. Ésta era la misión de Israel y es ahora la misión de la iglesia. Es profética; es bíblica; es imperativa. Dios no estaba meramente sugiriendo esta visión multinacional a Israel. Ellos debían ser la luz del mundo. Israel recibió una tarea misionera.
En romanos 9–11 Pablo nos recuerda la misión de Israel. Esta visión también se revela claramente en Romanos 15:7. Empieza con una teología de bienvenida que coincide con el Antiguo Testamento y que es la base para el culto y la comunión entre diversas razas. Lo que se revela en los propósitos de Dios para el Israel del Antiguo Testamento continúa en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, Jehová insistió que los israelitas aceptaran a los extranjeros: “Porque Jehová vuestro Dios es el Dios de dioses . . . que no hace acepción de personas, ni toma cohecho; que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto” (Deuteronomio 10:17–19). Jesús consideró a las naciones como sus otras ovejas (Juan 10:16); Pablo también comprendió este principio de la diversidad (Romanos 15), y también el apóstol Juan (Apocalipsis 7:9,10).

LOS EXTRANJEROS SON PARTE DEL PACTO
Los israelitas debían traer a los extranjeros a su pacto y ganarlos para el amor de Dios por medio de la hospitalidad y a través de la revelación de Dios de su bondad y fidelidad. Si ellos se arrepentían de sus costumbres paganas y abrazaban la cultura y la fe de los hebreos, los prosélitos eran bienvenidos y aceptados en el pueblo de Dios. Jesús y Pablo recordaron a los judíos su abandono y rechazo de su misión. Cada profeta antes de Jesús y Pablo recordaron a los israelitas su orgulloso rechazo de este mandato multicultural de Dios.

LA VISIÓN DE DIOS DE MUCHAS RAZAS
Aunque Dios aclaró que su privilegiada posición fue concedida, no ganada, los judíos se sentían petulantes y cómodos en su elección. Se olvidaron que no fueron elegidos porque eran especiales; eran especiales porque eran los escogidos. Desatendieron los grandes mandamientos de amor y justicia, y vivieron seguros y firmes en su comodidad personal (Miqueas 6:8; Levítico 19:18). Se olvidaron de que Moisés estaba casado con una mujer africana, que Abraham era del Irak de los tiempos modernos, y que Rut era una moabita. La genealogía del Mesías era de múltiples razas. No había ninguna línea de sangre pura en la historia de los judíos. Se olvidaron que su propia herencia era diversa, e irónicamente, dictaminaron que otros estuvieran fuera de las bendiciones del Dios de Israel. Se volvieron arrogantes en su habilidad de guardar la ley de Dios. Se olvidaron completamente de la razón de que Jehová los había apartado; perdieron su mandato multicultural de ser una luz a las naciones. Como resultado, su misión tuvo implosión de por sí, terminando en un crisol de orgullo etnocéntrico. Los israelitas reemplazaron la visión multicultural de Dios justificando la auto-elevación de su historia, sus tradiciones, y sus estrictas prácticas religiosas. Ellos eran todo unidad, pero sin misión. La fuente se estancó cuando las aguas de la misión ya no corrían.

LA DIVERSIDAD DE RAZAS ES VISIÓN PROFÉTICA
En contraste con la arrogancia de sus paisanos israelitas, Jesús —Dios revelado enteramente como hombre— poderosamente y radicalmente hizo realidad la teología de bienvenida del Antiguo Testamento. Él fue controversial. Él dejó impresionada a la clase dirigente, pero le fue inescrupulosamente fiel. Jesús aceptó a los leprosos, a los griegos, y a los perros (un término judío para los gentiles). Recibió a cada pecador arrepentido en su reino de sanidad e intimidad con Dios a través de su aceptación de un mundo pecador y de muchas razas. Afirmó hacer solo lo que vio hacer a su Padre (Juan 8:28). Su aceptación de los gentiles y pecadores cumplió la Ley y los profetas (Mateo 5:17–20), y desafió a los fariseos a especializarse en los principales temas de las Escrituras y no especializarse en cosas de menor importancia. En Romanos, Pablo nos recuerda la actitud multicultural de Jesús: “. . . os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús” (Romanos 15:5).
Jesús reveló completamente a Pablo esta cultura del Reino. Pablo vio a Jesús como la medida de lo que es verdadero y bueno, las cosas no negociables de la fe cristiana. Su reino es la norma de todos los valores, de las creencias, y de las características culturales. Pablo dijo: “Porque el reino de Dios es . . . justicia, paz y gozo” (Romanos 14:17). Por su misma naturaleza, el reino de Dios afirma, abarca, y transforma a cada cultura que abraza. Por consiguiente, reconociendo que ninguna cultura incluye toda la verdad, y como sabemos que en algunos puntos el evangelio es ofensivo a todas las culturas, podemos disfrutar de la obra de nuestro Creador en culturas fuera de la nuestra.
Pablo intentó enseñar esta verdad a los cristianos débiles (Romanos 14:1) y a los fuertes de Roma: podemos aprender de los encuentros únicos de otros pueblos con el Dios de todas las culturas. Pero no es fácil reunir a diversas culturas en un cuerpo, como vemos en la iglesia romana (Romanos 14:1 hasta 15:13). Pablo enfrentó un gran choque de culturas.

LA DIVERSIDAD DE RAZAS EN ROMANOS
El judío débil y el gentil fuerte de Romanos son ejemplos de desafíos en la iglesia cuando hay varias razas (Romanos 14:1; 15:1). Pablo fue testigo de esta realidad. El libro de Romanos es la respuesta de Pablo a las preguntas que surgen de la teología de Dios de aceptación en Cristo, como se practicaba en Roma entre los judíos y los gentiles. ¿Qué ocurre cuándo los judíos y los gentiles son salvados, y se unen en adoración y comunión? ¿Es posible que blancos, negros, mestizos, o asiáticos se reúnan en adoración? ¿Deben hacerlo? ¿Qué color tiene el culto normativo? ¿Es de una sola cultura? ¿Qué de una iglesia en la ciudad comparada con una en la América rural o en la India rural? ¿Puede ser multicultural?
Éstas son interrogantes de peso respecto de la diversidad de razas. Las respuestas de Pablo a los problemas de diversas razas que hubo en su época son apropiadas para los pastores hoy. Al enfrentar los conflictos culturales entre judíos y gentiles en la iglesia romana, Pablo estableció las pautas multiculturales para la iglesia a lo largo de los siglos. Estas pautas son respuestas satisfactorias ungidas con el fundamento bíblico, profético, y teológico extendido por Dios en el Antiguo Testamento y por nuestro Señor Jesús en el Nuevo Testamento. En Romanos, Pablo reveló su teología de aceptación en Cristo desde 1:5 a 15:13. En Romanos 1:5 el Apóstol nos recuerda el mandato que incluye a toda raza: hemos recibido la gracia de Dios para “para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre”. Terminó la epístola con el mismo mandato (Romanos 16:26).
La palabra que significa naciones es ethneis, de donde obtenemos la palabra étnico (no judío). Romanos 1:16 nos recuerda que las buenas nuevas del pacto de amor de Dios son “al judío primeramente, y también al griego”. Antes de eso, como cristiano judío, Pablo se definió humildemente y conscientemente como misionero a los bárbaros y a los griegos (Romanos 1:14). Es muy claro que él era el apóstol multicultural. Si tenemos preocupaciones multiculturales hoy, podemos ir al libro de Romanos para encontrar las respuestas.

LA REVELACIÓN DE DIOS DE DIVERSAS RAZAS EN LA IGLESIA
Cuando Pablo presionó su preocupación misionera en las naciones del mundo, reveló la gran verdad profética de que tanto judíos como griegos están destituidos de la gloria de Dios y que todos son justificados gratuitamente por la fe en Cristo (Romanos 3:22,23). Abiertamente presentó a Abraham, el padre de todas las naciones, como ejemplo de la fe obediente. Hizo un llamado a Israel a que recordara su abandonada misión a las naciones. “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:15).
En un pasaje profético más provocativo, Pablo recordó a la rebelde Israel el propósito de Dios de incluir a todas las razas a pesar de su estrecho rechazo: “Fui hallado de los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mí. Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor” (Romanos 10:20,21). Dios recordó a Israel (como lo hace a cada pastor) que ellos habían perdido su sentido de misión al mundo debido a su deseo de permanecer en su cómoda zona cultural. Ésta debe ser una lección para nosotros hoy. Nuestro mandato es “mezclar los colores” —desde los bancos, hasta la plataforma, y hasta la junta directiva— tanto como sea posible demográficamente y dejar que el Espíritu Santo dé las pinceladas en el lienzo.

EL ENFOQUE EN SER BÍBLICO
Cuando echamos una mirada alrededor de nuestro país, recordamos que la intención de Dios es que todas las culturas, lenguas, y clases rindan culto a en su casa como su familia. Decimos a nuestros amigos que el reino de Dios es una gran fiesta con una piñata en que todos son bienvenidos. ¿Pero qué clase de fiesta es, realmente? ¿Sólo para los documentados? ¿Una fiesta con asiáticos en un cuarto; con afro-americanos en otro; con los pentecostales todos metidos en el cuarto del resplandor; los blancos en la sala; y los mexicanos en la parte de atrás? Algunas demostraciones históricas han mostrado que nuestros amigos inconversos hace tiempo se dieron cuenta de nuestra hipocresía porque no todos son bienvenidos a la fiesta. Se ve nuestra “combinación” evangélica. Nos preocupamos más por ser listos cuando deberíamos centrarnos en ser bíblicos.

UN COLOR Y UNA CULTURA DEMASIADO FÁCIL
La raíz de la hipocresía evangélica norteamericana es una continua presunción, una incapacidad histórica de comprender las inagotables misericordias de Dios por todos, y su amor inagotable por los de poca gracia entre nosotros. Hasta el grado en que nuestro sentido de valor se mantenga a través de la religión y la cultura —desde nuestro color, a nuestra ética laboral, al barrio en el que vivimos— permanecemos independientes de Dios y muy autosuficientes y presuntuosos. Cristo no puede ayudarnos. Hasta el grado en que los fuertes de Romanos 15:1 en nuestras iglesias se niegan llevar la carga del débil de otras culturas es prueba en nuestras iglesias que nosotros los pastores nos complacemos a nosotros mismos y no a Cristo. “Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo” nos dice Pablo (Romanos 15:3). De modo que una pregunta a cada pastor de cualquier color es: ¿debo edificar una iglesia que nos aísla de otros, o debo abrazar la teología de aceptación de Pablo? (Romanos 15:7). Es fácil levantar una iglesia de un color y de un idioma. Cualquiera puede levantar una gran iglesia que sea de un color y una cultura. Sin embargo, trate de mezclar intencionalmente. Intente construir una iglesia de múltiples razas si el lugar, el tiempo, y la demográfica lo permite. Éste es un desafío. Por esto Cristo murió y resucitó. Merece la pena sacrificar la comodidad por la gloriosa mezcla de mil lenguas.

LA MANERA DE DIOS QUIZÁ NO SEA LA MANERA FÁCIL
Pablo dice en romanos 15:7, pensando en el conflicto entre judíos y gentiles en Roma y en muchas de sus iglesias: “Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió”. Esta gloriosa palabra de esperanza fue dada a la luz del conflicto cultural en la iglesia. Lo más fácil habría sido formar una iglesia para los judíos y una iglesia para los gentiles. Pero la manera de Dios quizá no sea la manera fácil. La exégesis bíblica explica que la mejor lectura es siempre la difícil. La manera difícil da mayor gloria a Dios. La gloria de Dios se manifiesta en un grupo mixto de dirección de alabanza en una iglesia enteramente blanca. La gloria de Dios se manifiesta en un pastor de raza blanca en una iglesia afro-americana. La gloria de Dios se ve en una iglesia rural de blancos con un pastor afro-americano.
Los débiles de Romanos 14:1 eran los cristianos judíos. Los fuertes de Romanos 15:1 eran los orgullosos gentiles que despreciaban las regulaciones dietéticas judías. La gloria de Dios se manifestaba en que ellos estaban en la misma iglesia solucionando los problemas. Los hermanos judíos no comían jamón, tocino, o carne de cerdo. Los cristianos gentiles, que supuestamente vivían por la fe, podían disfrutar de estas comidas con una conciencia limpia. Pablo recordó a ambas culturas que Cristo murió por nuestras diferencias. Su obra era unificar, no dividir (Romanos 14:19). ¿Vale tanto la comida que merezca la pena de conflictos?
Lo importante hoy es resistir la constante absorción de la religión de un solo color. Deje de lado el temor de lo que no es como usted y adopte la actitud de siervo de Cristo (Romanos 15:8) sostenida por el amor al débil.

LA ACEPTACIÓN NO ES TOLERANCIA
En Romanos Pablo nos enseña a esforzarnos a superar los problemas del multiculturalismo y no ceder ante las soluciones del mundo. El tratar con los problemas de diversidad en la fraternidad cristiana al aceptarnos unos a otros en Cristo, es decir no a las respuestas del mundo. Las respuestas del mundo son: el prejuicio, el racismo, la segregación, la violencia, la tolerancia, y la comunión de zona de comodidad. Pablo no dijo que se toleren entre sí. La tolerancia es un racismo cortés, un pecado oculto. Pablo dijo “recibíos los unos a los otros”, no “tolérense entre sí” (Romanos 15:7). La palabra proslambano significa aceptación y bienvenida, no tolerar o soportar.
La palabra para “recibir” (Romanos 15:7) es como un abrazo grande. Proslambano quiere decir abrazar. En romanos, la respuesta de Pablo a la segregación es un abrazo a todas las razas. Dios no prefiere un color cuando todos los colores podrían estar en su junta directiva, en su personal, en su familia, y en su equipo. El precio que cuesta al Reino desdeñar el mandato bíblico del culto de todas las razas es demasiado alto. La iglesia, como Pablo nos recordó, tiene que buscar en las Escrituras el futuro de Dios, quitando los grilletes de nuestras comodidades raciales, el individualismo, y la tolerancia cortés. Nuestro camino está marcado en Romanos 14:1 — 15:1–13. Por consiguiente, “recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió” (Romanos 15:7).

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