La Palabra de Dios trata al hombre como un ser tripartito. El hombre está compuesto de espíritu, alma y cuerpo. Y podríamos decir que el hombre es espíritu, tiene alma y vive en un cuerpo.

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser; espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Yeshua HaMashiaj.”
I Tesalonicenses 5:23

Este versículo muestra claramente que el hombre está compuesto de tres partes. La parte más importante es el espíritu, por eso es mencionada primero.

El hombre NO puede hacer una clara distinción entre el espíritu y el alma, sin embargo, la Palabra de Dios SI puede.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu . . .”
Hebreos 4:12

LA CREACION DEL HOMBRE

“Entonces YHVH Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.”
Génesis 2:7

“. . . formó al hombre del polvo de la tierra . . .” se refiere al CUERPO del hombre.

“ . . . sopló en su nariz aliento de vida . . .” se refiere al ESPIRITU del hombre que viene de Dios.

“ . . . y fue el hombre un ser (literalmente dice “alma”) viviente . . .” se refiere al ALMA del hombre.
El alma es la combinación del cuerpo y el espíritu del hombre.

El original de la palabra “vida” en “aliento de vida” no está en singular, está en plural, el versículo nos dice que Dios sopló “aliento de VIDAS”. El soplar realizado por Dios produjo una vida doble: la vida del alma o vida anímica y la vida espiritual.

Adán tenía una naturaleza, la naturaleza divina, pero tenía dos vidas: la vida del espíritu o vida espiritual y la vida del alma o vida anímica.

Los ángeles fueron creados como espíritus, el hombre fue creado, de manera predominante, como alma viviente. Por eso en la Biblia podemos ver que Dios a menudo se refiere a los hombres como “almas”. Podemos afirmar que lo que es el hombre depende de cómo es su alma. Su alma le representa.

Si el alma del hombre quiere obedecer a Dios, permitirá que el espíritu gobierne al hombre según lo ordenado por Dios, pero el alma también puede reprimir al espíritu y no hacer lo que el espíritu le dicta.

LA CAIDA DEL HOMBRE

Cuando Dios creó al hombre le dio una libertad total. El hombre que Dios creó no era una máquina dirigida por Dios, tenía una total libertad de elección.

Ni Dios, ni el diablo pueden hacer nada a través de nosotros sin antes haber obtenido nuestro consentimiento. Dios no llevará nada a cabo en nosotros sin nuestra colaboración activa.

En un principio, el espíritu del hombre era la parte más noble de todo su ser y el alma y el cuerpo le estaban sujetos.

El espíritu de Adán era la parte dominante en su vida. El gobierno y el señorío que ejercía Adán sobre la tierra lo ejercía por medio de su espíritu. El alma y el cuerpo de Adán eran canales que el espíritu usaba para llevar a cabo la voluntad de Dios.

Cuando Adán y Eva pecaron el espíritu perdió su autoridad y su dominio sobre el alma y el cuerpo.
Satanás tentó a Eva con una pregunta. Sabía que su pregunta estimularía el pensamiento de la mujer. Satanás quería incitar la actividad mental de Eva. Satanás llegó primero al pensamiento y luego avanzó hasta apoderarse de su voluntad. Resultado: Eva cayó en pecado.

Primeramente, Satanás usó una necesidad física para llamar la atención de Eva, le hizo mención a Eva del acto de comer. A continuación, intentó seducir su alma, dándole a entender que haciendo lo que él le decía se le abrirían los ojos para conocer el bien y el mal. Por tanto, podemos ver cómo la tentación de Satanás alcanzó primeramente al cuerpo, luego al alma y finalmente al espíritu.

El cuerpo de Eva es estimulado:

“Y vio la mujer que el árbol era BUENO PARA COMER y que era AGRADABLE A LOS OJOS. . . ”
Génesis 3:6

Si seguimos leyendo veremos que su alma también fue estimulada:

“ . . . y árbol CODICIABLE PARA ALCANZAR LA SABIDURIA . . .”

El intelecto fue la causa principal de la caída, por eso para ser salvo hay que creer en la locura de la Palabra de Dios. El árbol del conocimiento hizo que el hombre cayera, por eso, Dios usa “la locura de la cruz” para salvar a los hombres (I Co. 1:18-25; 3:18-19).

La mente, la voluntad y las emociones pertenecen al alma. El apóstol Pablo nos dice que “Adán no fue engañado” (I Ti. 2:14a) indicando que la mente de Adán no estaba en confusión. La que flaqueó en su mente fue Eva “la mujer siendo engañada” (I Ti. 2:14b). La mujer dijo: “La serpiente me engañó, y comí.” (Gn. 3:13b), pero el hombre dijo: “La mujer me dio del árbol, y yo comí.” (Gn. 3:12). Es evidente que Adán no fue engañado, Adán pecó deliberadamente.

Satanás se apoderó de la voluntad de Adán a través de sus emociones, mientras que se apoderó de la voluntad de Eva a través de su mente (intelecto).

Satanás usa las cosas de la carne para atraer el alma del hombre hacia el pecado. En cuanto el alma peca, el espíritu queda sumido en una oscuridad absoluta. La estrategia del enemigo es de fuera hacia dentro. Si no empieza por el cuerpo, entonces empieza obrando en la mente o en las emociones con el propósito de apoderarse de la voluntad del hombre.

Toda obra satánica se realiza de fuera hacia dentro y toda obra de Dios se realiza de dentro hacia fuera.

Una vez que Satanás se apodera de la voluntad del hombre, controla a ese hombre.

Debemos tener en cuenta que el alma es donde el hombre expresa su libre voluntad y ejerce su autoridad. Por eso, la Biblia declara que es el alma la que peca. Por ejemplo, en Miqueas 6:7 leemos “el pecado de mi alma” y en Ezequiel 18:4 y 20 podemos leer “el alma que pecare”.

En Levítico y Números se menciona frecuentemente que el alma peca, ¿Por qué? Porque es el alma la que decide pecar. Pecar es cosa de la voluntad del alma, por eso encontramos que se puede hacer expiación por el alma (Ex. 30:15 / Lv. 17:11 / Nm. 31:50). Como es el alma la que peca, es el alma la que debe recibir expiación.

LAS DOS VIDAS DEL HOMBRE

El alma del hombre escogió el árbol del conocimiento del bien y del mal, en lugar del árbol de la vida. La fruta del árbol del conocimiento elevó al alma y suprimió al espíritu.

El hombre podía elegir de qué árbol iba a comer, podía comer del árbol de la vida y vivir o podía comer del árbol de la ciencia y morir.

“De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás.”
Génesis 2:16 y 17

En el original dice: “ . . . porque el día que de él comas muriendo morirás.”. La versión llamada Literal Translation of the Holy Bible y la versión Young’s Literal Translation lo han traducido de la siguiente manera:

“el día que de él comas, muriendo morirás”

Adán y Eva escogieron la ciencia, escogieron el conocimiento, escogieron la sabiduría, escogieron la vida del alma, pero al escoger la vida del alma, perdieron la vida espiritual.

Hoy en día el hombre prefiere comer del árbol de la ciencia desechando el árbol de la vida, el hombre al escoger el conocimiento (ofrecido por sectas, religiones, filosofías, etc) está perdiendo la vida espiritual que le ofrece Dios por medio de su Hijo.

Adán y Eva ganaron la vida del alma (gr. Psyche), pero perdieron la vida espiritual (gr. Zoe). Cuando Yeshua murió, él dio su vida del alma – psyche – para que nosotros pudiésemos tener vida espiritual – zoe -. Teniendo en cuenta las palabras griegas podemos afirmar que Yeshua dio su Psyche para que nosotros podamos tener Zoe.

“Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida (PSYCHE) en rescate por muchos.”
Marcos 10:45

“Yo he venido para que tengan vida (ZOE), y para que la tengan en abundancia.”
Juan 10:10

EL ESPIRITU, EL ALMA Y EL CUERPO DESPUES DE LA CAIDA

Adán era consciente de Dios, pero después de la caída su espíritu murió.

Según una definición científica, la muerte es “el cese de la comunicación con el medio ambiente.” La muerte del espíritu es el cese de la comunicación con Dios.
Cuando decimos que el espíritu está muerto, queremos decir que el espíritu está separado de Dios, ha perdido su sensibilidad hacia Dios. En la parábola del hijo prodigo cuando el hermano menor vuelve a casa, el padre le dice a su otro hijo: “Tu hermano estaba muerto . . .” (Lc. 15:32). El hijo estaba muerto porque estaba separado del padre.

El pecado ha destruido el profundo conocimiento intuitivo que el espíritu tenía de Dios en un principio.

La muerte, que empezó en el espíritu de Adán, se extendió gradualmente hasta alcanzar a su cuerpo.

El espíritu de Adán cayó bajo la opresión del alma, hasta que, poco a poco, se fusionó con el alma y las dos partes quedaron fuertemente unidas.

El escritor del libro de Hebreos afirma en el versículo 12 del capítulo 4 que la Palabra de Dios separa el alma y el espíritu. La separación es necesaria porque el espíritu y el alma se han vuelto uno. El espíritu ha perdido su poder y sensibilidad, la conciencia del hombre está paralizada, está como dormida. A esto se refiere el libro de Judas en el versículo 19:

“Estos son los que causan divisiones; los sensuales (mundanos, naturales, animales) que no tienen espíritu.”

Los hombres caídos están bajo el dominio total de la carne, actuando en respuesta a los deseos de su alma y pasiones físicas.

El espíritu, nuestra parte más noble, ahora está bajo el dominio del alma. El espíritu ha sido desposeído de su posición original. La condición actual del hombre es anormal. Por eso, se le describe como si no tuviera espíritu.

El plan de Dios para el espíritu era que gobernase nuestra alma, pero cuando el hombre cayó en pecado, su espíritu quedó esclavizado por el alma.

EL ESPIRITU DEL HOMBRE

Pr. 20:27; 25:28 / Zac. 12:1 / Ro. 8:16 / I Co. 2:11; 14:14 y 32

Estos versículos demuestran claramente que los seres humanos poseen un espíritu.

El espíritu es denominado “hombre interior” en Romanos 7:22.

El espíritu es la parte mediante la cual nos comunicamos con Dios y sólo por ella podemos percibir y adorar a Dios.

Mediante el espíritu somos conscientes de la presencia de Dios y del mundo espiritual.

Dios vive en el espíritu, el “YO” vive en el alma, mientras que los sentidos viven en el cuerpo.

El espíritu no puede actuar directamente sobre el cuerpo. Necesita un medio, y ese medio es el alma, creada por el contacto del espíritu con el cuerpo. El espíritu transmite su pensamiento al alma y el alma utiliza al cuerpo para obedecer la orden del espíritu. Este es el significado del alma como medio. Antes de la caída del hombre, el espíritu controlaba todo el ser, por medio del alma.

El espíritu puede someter al cuerpo a través del alma para que obedezca a Dios. De la misma manera el cuerpo, mediante el alma, puede atraer al espíritu a amar al mundo.

El espíritu es la parte más noble porque está unida a Dios. El cuerpo es la parte más humilde porque está en contacto con la materia y el alma, al estar entre ellas, las une y también toma el carácter de ambas.

Dios desea que el espíritu, al ser la parte más noble del hombre, controle todo el ser. Sin embargo, la voluntad pertenece al alma y es la voluntad la que determina si debe gobernar el espíritu, el cuerpo o incluso ella misma.

El espíritu tiene tres funciones principales:

1) La conciencia

2) La intuición

3) La comunión

Andar en el espíritu es andar según la conciencia, la intuición y la comunión.

1) La conciencia

Sal. 16:7 / Ro. 9:1 / Hch. 23:1; 24:16 / II Co. 1:12 / I Ti. 1:19 / II Ti. 1:3

La conciencia es la voz del espíritu. Nuestro espíritu NO es la conciencia, la conciencia es el órgano que discierne; distingue lo bueno y lo malo. Sin embargo, no lo hace por medio de la influencia del conocimiento almacenado en la mente, sino con un espontáneo juicio directo.

El trabajo de la conciencia es independiente y directo, pues no se somete a las opiniones del exterior.

La conciencia nos corrige y nos reprende de modo que estemos inquietos cuando no hacemos la voluntad de Dios.

Nuestra conciencia es avivada cuando nacemos de nuevo. La sangre preciosa de Yeshua purifica nuestra conciencia (He. 9:14).

Seguir la voz de la conciencia es una señal de verdadera espiritualidad.
Si la conciencia nos condena, hemos de arrepentirnos inmediatamente.

Si nuestra conciencia no nos reprende, podemos tener confianza en Dios y cualquier cosa que pidiéremos la recibiremos de él (I Jn. 3:21-22a).

2) La intuición

Mc. 2:8 / Hch. 20:22

La intuición es el órgano sensitivo del espíritu humano.
Nuestra intuición está capacitada para distinguir lo bueno de lo malo sin ninguna ayuda externa.

El creyente conoce las cosas de Dios por la intuición de su espíritu. La mente puede entender, pero no puede conocer. El Espíritu Santo capacita a nuestro espíritu para que conozca y nuestro espíritu instruye a la mente para que entienda.

Conocer las cosas por la intuición es lo que la Biblia llama revelación. La revelación tiene lugar en la intuición. Sólo la revelación en el espíritu proporciona un verdadero conocimiento de Dios. Sólo lo que es recibido en el espíritu es conocimiento espiritual, el resto es mero conocimiento mental.

3) La comunión

Jn. 4:23 / Ro. 1:9; 8:15-16 / I Co. 6:17; 14:16 / Fil. 3:3

Nos comunicamos con el mundo material a través del cuerpo. Con el mundo espiritual nos comunicamos a través del espíritu.

No podemos percibir a Dios con nuestros pensamientos, ni con nuestros sentimientos; sólo podemos percibir a Dios con nuestros espíritus. Los animales NO pueden tener comunión con Dios porque no tienen espíritu, aunque si tienen alma.

El hombre natural no está capacitado para conocer a Dios (I Co. 2:14).

Nuestra adoración a Dios y las comunicaciones de Dios con nosotros se llevan a cabo directamente en el espíritu.

EL ALMA DEL HOMBRE

En el alma se encuentra nuestra personalidad, por medio del alma el hombre es consciente de sí mismo.

El alma es el punto de encuentro del espíritu y el cuerpo.

El alma está ligada al mundo espiritual a través del espíritu y al mundo material a través del cuerpo.
En el original de la Biblia hay numerosos casos en los que se usa la palabra “alma” en lugar de “hombre”. Esto se debe a que la sede y la esencia de nuestra personalidad es el alma.

El alma esta formada por:

1) La mente

2) La voluntad

3) Las emociones

1) La mente

Pr. 2:10; 19:2 / Sal. 139:14 / Lm. 3:20

Nuestra mente expresa lo que pensamos. En la mente se producen nuestros pensamientos y razonamientos.

2) La voluntad

Job 6:7; 7:15 / Sal. 27:12;41:2 / Ex. 16:27

La voluntad expresa lo que queremos.

La voluntad del hombre puede ser considerada como su verdadero yo. Cuando declaramos: “Yo quiero” es, en realidad, nuestra voluntad la que quiere. Cuando decimos: “Yo decido” es nuestra voluntad la que decide.

3) Las emociones

II S. 5:8 / Cnt. 1:7 / Zac. 11:8 / Dt. 6:5 / I S. 20:4 / Sal. 42:1; 84:2; 86:4 / Is. 26:9; 55:2; 61:10 / II R. 4:27 / Mt. 26:38 / Jn. 12:27 / II P. 2:8

EL CUERPO DEL HOMBRE

El cuerpo es nuestro “hombre exterior” y es la casa donde vivimos (II Co. 5 .

En el cuerpo se encuentran nuestros sentidos físicos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Con el cuerpo nos ponemos en contacto con el mundo que nos rodea, el mundo físico.

La Biblia nos enseña que debemos presentar nuestros cuerpos a Dios.

“Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias; ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.”
Romanos 6:12 y 13

“Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional.”
Romanos 12:1

“Señor, te presento mis manos, úsalas para bendecir a otros, para abrazar al que necesite amor, para levantar a los caídos, para impartir sanidad al enfermo . . . Señor te presento mi boca, úsala para bendecir tu nombre, para bendecir a mis hermanos, a mi familia, para proclamar tu Palabra . . . Señor te presento mis pies, que sean dirigidos a los sitios correctos, que nunca se desvíen de tu camino . . . Señor te presento mis oídos, que puedan estar siempre atentos a tu Palabra, que pueda escuchar las necesidades de mis hermanos y el clamor de este mundo perdido . . . Señor, te presento mis ojos, que nunca se aparten de tu Torá, que mis ojos estén llenos de luz, que puedan contemplar tu gloria . . . Amen”

UNA CASA DIVIDIDA

“Y si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá permanecer.”
Marcos 3:25

“. . . una casa dividida contra sí misma, se derrumba.”
Lucas 11:17b

En II Corintios 5:1 el cuerpo es llamado “casa”, por tanto el cuerpo es la morada donde habitan el espíritu y el alma. Teniendo en cuenta esto, podemos afirmar que si mi espíritu y mi alma están divididos NO podré permanecer y me derrumbaré.

Nuestro espíritu y nuestra alma deben estar de acuerdo si queremos caminar por un mismo camino.

“¿Andan dos hombres juntos si no se han puesto de acuerdo?”
Amós 3:3

En Santiago 1:8 podemos leer que “el hombre de doble animo es inconstante en todos sus caminos.”. El hombre de doble ánimo es el que tiene su casa dividida. Por un lado su espíritu quiere someterse a Dios y actuar en fe, pero por otro, su alma está llena de incredulidad y de temor.

LA CONQUISTA DE NUESTRA ALMA

Cuando hablo de la conquista de nuestra alma, me refiero principalmente a la conquista de nuestra mente.

Cuando nos convertimos nuestro espíritu nace de nuevo, pero nuestra alma no nace de nuevo, nuestra alma debe ser conquistada, por eso todo cristiano se encuentra en medio de una batalla, una batalla que se lleva a cabo en nuestra mente y que debemos ganar.

Antes de ser cristianos fuimos programados de una forma incorrecta, crecimos con muchos conceptos falsos porque la información que recibíamos era una información errónea, pero esa información era lo que determinaba nuestra manera de pensar, de ser y de actuar.

Como cristianos debemos vigilar todo pensamiento que podamos tener porque los pensamientos pueden afectar nuestras vidas de una forma positiva o de una forma negativa.

Un pensamiento puede ser nuestro, puede ser del Espíritu Santo, pero también puede ser del diablo. El diablo puede poner pensamientos en nuestras mentes, por eso debemos tener cuidado con lo que pensamos. El diablo sabe que si puede controlar nuestra mente, puede controlar nuestra vida.

Vamos a ver cómo conquistar nuestra mente y hay un versículo muy significativo en la Palabra de Dios que nos muestra lo que debemos hacer con los pensamientos que van en contra de Dios y de su Palabra.

“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo . . .”
II Corintios 10:3-5

En el versículo cuatro podemos ver que:

1. Estamos involucrados en una batalla. “. . . de nuestra milicia . . .”

2. Tenemos armas espirituales. Estas armas debemos tomarlas y usarlas CADA DIA.

3. Estas armas son poderosas.

4. Estas armas tienen un propósito y una finalidad: PARA destruir fortalezas.

El versículo 5 nos muestra cómo debemos destruir esas fortalezas:

1. Derribando argumentos . . .

2. Llevando cautivo todo pensamiento . . .

En estos versículos podemos comprobar que las fortalezas en nuestras vidas están compuestas de pensamientos y de argumentos. Toda fortaleza se inicia en nuestros pensamientos.

FORTALEZA = FORMAS DE PENSAR Y ACTUAR APRENDIDAS Y ASIMILADAS A LO LARGO DE TODA NUESTRA VIDA

Podemos afirmar que las fortalezas se establecen de la siguiente manera:

– Primero: Viene un pensamiento.

– Segundo: Ese pensamiento produce una serie de argumentos.

– Tercero: El pensamiento y los argumentos producen un sentimiento.

– Cuarto: El pensamiento con los argumentos y el sentimiento afectan nuestra forma de ser y de comportarnos.

Si no llevamos a la cautividad nuestros pensamientos, esos pensamientos, a la larga, producirán fortalezas en nuestras vidas.

Recuerda lo que dice PROVERBIOS 23:7ª

“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.”

Este versículo nos muestra que somos lo que pensamos. Por eso el diablo quiere poner pensamientos dentro de nosotros, él sabe el poder y la influencia que hay detrás de un pequeño pensamiento.

Recuerda esto: Todo logro empieza con un pensamiento, pero también todo pecado empieza con un pensamiento.

Vamos a ver algunos ejemplos bíblicos de todo lo que estamos viendo:
“Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón . . .”
Hechos 8:17-22

Simón tuvo un pensamiento y ese pensamiento afectó su manera de actuar. El pensamiento de obtener el don de imposición de manos hizo que ofreciera dinero a Pedro y a Juan para conseguirlo. Simón actuó de una forma incorrecta y además su corazón fue contaminado.

“Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase.”
Juan 13:2

El diablo puso en el corazón de Judas el pensamiento de entregar a Yeshua y como todos sabemos, ese pensamiento afectó a su forma de ser y actuar.

“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.”
Hechos 5:3-4

Una vez más vemos como el diablo puso en el corazón de Ananías que mintiese acerca del dinero de esa heredad. Posiblemente Ananías no se dio cuenta que ese pensamiento en realidad venía del diablo, pero ese pensamiento determinó su destino. Ananías tuvo que llevarlo cautivo, tuvo que rechazarlo, pero NO lo hizo y acabo mal.

Debemos cerrar la puerta a todo pensamiento en contra de Dios y de su Palabra. Por eso es muy importante que juzguemos nuestros pensamientos y que sepamos de donde vienen.

En I Corintios 2:15 podemos leer:

“En cambio el espiritual juzga todas las cosas . . .”

Debemos juzgar nuestros pensamientos . . . ¿Cómo? . . . Haciéndonos algunas preguntas:

– ¿Este pensamiento trae confusión a mi vida?

– ¿Confirma lo que Dios me ha hablado?

– ¿Contradice la Palabra de Dios?

– ¿Me da paz?

– ¿Me hace sentir temor?

Muchas personas han caído por no juzgar y por no llevar cautivos sus pensamientos. Muchas personas se han perdido por albergar en su corazón pensamientos que provenían del mismo infierno.

Debemos llevar a la cautividad estos pensamientos, debemos meterlos en una prisión, debemos cerrarles la puerta, no debemos permitir que estén en nuestra mente.

Si prestamos atención a estos pensamientos y los llevamos a cabo producirán fortalezas en nuestras vidas que nos robarán las bendiciones de Dios.

Por eso debemos usar la Palabra de Dios que es la espada del Espíritu para destruir esas fortalezas. Jeremías 23:29 dice:

“¿No es mi Palabra como fuego, dice el Señor, y como martillo que quebranta la piedra?”
La Palabra de Dios quebranta la piedra de nuestras fortalezas.

Nuestro pensamiento debe estar en Dios y en su Palabra, por eso dice la Biblia en Isaías 26:3

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.”

Pensar en el Señor trae paz, trae gozo, trae bendición, trae vida . . .

De esta manera vamos a conquistar nuestra alma: destruyendo fortalezas y pensando y meditando en todo lo que Dios ha hecho y en todo lo que Dios es.

El apóstol Pablo dijo:
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es . . . verdadero . . . todo lo honesto . . . todo lo justo . . . todo lo puro . . . todo lo amable . . . todo lo que es de buen nombre . . . si hay virtud alguna . . . si algo digno de alabanza, EN ESTO PENSAD.”
Filipenses 4:8

Es muy importante entender la realidad del poder de nuestros pensamientos, el apóstol Pablo nos dijo que la renovación de nuestro entendimiento produciría en nosotros una transformación.

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
Romanos 12:2

La renovación de nuestro entendimiento produce una transformación en nuestras vidas.

Dicen que el 90% de las enfermedades son sicosomáticas, es decir son producidas por nuestra mente (pensamientos). Nuestros pensamientos también afectan nuestro sistema inmunológico. Una persona negativa (con pensamientos negativos) es más vulnerable a la hora de enfermarse.

Cuando el apóstol Pablo nos dice: “Transformaos”, la palabra en griego es μεταμορφόω (metamorfóo) y de este término griego surge la palabra “Metamorfosis”. Esta misma palabra es usada en otro versículo, veamos:

“Seis días después, Yeshua tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos.”
Marcos 9:2

En esta Metamorfosis la apariencia de Yeshua cambió, ahora bien, si usamos esta traducción con el versículo que encontramos en el libro de Romanos tendríamos:

“Transfiguraos por medio de la renovación de vuestra mente (gr. nous)”
Romanos 12:2

¿Cómo podemos experimentar esta Metamorfosis?

– Por medio de la Palabra de Dios:

“Nunca se apartará de tu boca este libro de la Torá, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.”
Josué 1:8

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la Torá del Señor está su delicia, Y en su Torá medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.”
Salmo 1:1-3

“Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo.”
Proverbios 4:20-23

– Por medio de la oración:

“Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.”
Lucas 9:29

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