ABBÁ, es la expresión aramea con la que el niño identifica a su papá. Teológicamente, es de suma importancia porque se remonta a Jesús de Nazaret, que, con esta expresión, se dirigía a Dios y enseñaba a hacer lo mismo a sus discípulos.
En la historia de las religiones se encuentra fácilmente el apelativo «padre» para dirigirse a la divinidad: existe particularmente esta tradición en Egipto: el faraón, en el momento de su entronización, se convierte en hijo del dios Sol y es igualmente dios. También el Antiguo Testamento (…) adoptó esta misma perspectiva. En los relatos del Éxodo se crea varias veces un paralelismo entre la filiación de Israel y la de los egipcios para contraponer sus diferencias étnico-religiosas (Éx 4:22). Por temor a que se le interpretara indebidamente en sentido mítico, Israel usará con prudencia este título aplicado a Yahveh. En diversas épocas históricas hubo varios personajes calificados con el título de «hijo» de Dios: en primer lugar, el pueblo: luego, los ángeles que constituyen su corte: finalmente, algunos hombres concretos que mantuvieron pura y sólida su fe.
De todas formas, fue sobre todo el rey-mesías el que mantuvo el privilegio de una relación particular con Dios (2/Sm 7:14). Por primera y única vez en toda la historia de Israel se le aplicó la expresión: «Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy» (Sal 2:7). Es evidente que, debido a su fuerte caracterización monoteísta, Israel se interesaba sólo y exclusivamente por una filiación del rey en sentido adoptivo. De todas formas, nunca se atreve el israelita en el Antiguo Testamento a pronunciar una oración dirigiéndose a Yhwh con el vocativo «abba».
A la prudencia del Antiguo Testamento se opone el uso abundante de esta palabra en el Nuevo Testamento. La expresión aparece más de 250 veces, hasta el punto de que se identifica con la fórmula típica con que los cristianos se dirigen a Dios. El fundamento de esta costumbre es la actuación misma de Jesús. Desde las capas más primitivas y arcaicas de la tradición. Es posible ver en el “abba” el lenguaje peculiar con que él se dirigía a Jehova demostrando así que tenía con Dios una relación de filiación natural (Mc 13:32). En varios textos se advierte el uso peculiar que hacía Jesús de esta palabra: no sólo en la invocación “abbá” que Marcos se siente en la obligación de trasladar literalmente del arameo, añadiendo inmediatamente después su traducción griega (Mc 14:36), sino también en la Calificación de «Padre mío» (Mt II:27). Esta relación filial es única, hasta el punto de que se utiliza también la fórmula diferente «Padre vuestro» dirigida a los discípulos. El uso de «Padre nuestro», por su parte, es sólo para los discípulos, ya que se trata de una oración que les enseña Jesús (Mt 6:9).
Así pues, «abba» encierra las notas de intimidad, de confianza y de amor, pero expresa también claramente el motivo de la condenación de Jesús: «No es por ninguna obra buena por lo que queremos apedrearte. sino por haber blasfemado: pues tú, siendo hombre, te haces Dios» (Jn 10,34): esta pretensión era tan absurda para sus contemporáneos que jamás habrían podido concebir la relación con Dios en estos términos.
Abba es la palabra aramea para “padre”. La palabra aparece tres veces en el Nuevo Testamento (Mc. 14:36; Rm. 8:15; Gál. 4:6). En cada caso tiene su traducción en griego adjuntada; lee abba ho pater en el texto griego; abba pater en la Vulgata Latina, y “Abbá, Padre”, en la versión en español. San Pablo hizo uso de esta doble expresión imitando a los primeros cristianos, quienes, a su vez, la usaron en imitación a la oración de Cristo. Las opiniones difieren en cuanto a la razón de la doble expresión en la plegaria del Señor: Jesucristo mismo la usó; San Pedro añadió la traducción griega en su predicación, reteniendo la alocución directa arcaica; el evangelista añadió la traducción griega; San Marcos la incorporó a la existente costumbre cristiana de orar a la manera de hysteron proteron. Resumidamente: En arameo, la lengua hablada por Jesús, Abbá quiere decir mi padre, papa o papito. Es con esta palabra de cariño y confianza con la que Jesús normalmente se dirigía a su Padre, cuando rezaba. En el Antiguo Testamento, Dios es llamado Padre en diversas ocasiones Sal 89:27; Is, 63:16; 64:7; Jer 3:4; pero nunca lo fue con esta misma expresión tan familiar. Esta novedad se pegó fácilmente: a los primeros cristianos les gustaba dirigirse al Padre con la misma palabra que Jesús usaba: Rom 8:15; Gál 4:6

Un comentario »

  1. Propiamente seria ABA, cabe recordar que los numeros son de vital importancia para la Biblia y en esta seria de letras los componentes numericos son 34, 47 y 40, 34+40=74. Tenemos los numeros 47 y 74 los cuales son referencia de duplicidades tal como el 5775 año hebreo actualizado en el 2014 cristiano, una variante es el 7447-5775=1672-1531(La Mujer Vestida de Sol)=141(3X47)

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