15Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda),
16entonces los que estén en Judea, huyan a los montes.
17El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa;
18y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa.
19Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días!
20Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo;
21porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo, mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.
Llegamos a uno de los puntos más controversiales en la doctrina de la segunda venida de Cristo, el tiempo de la gran tribulación. De acuerdo con el relato, una importante señal, que indicaría el tiempo de la gran tribulación y la aproximación del fin, sería cuando la profecía de Daniel sobre la abominación desoladora tuviera su cumplimiento (v.15). La expresión: “abominación desoladora”, está tomada de Daniel 9:27 “Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador”. La misma, aparece también en Daniel 8:13 y 11:31. Aunque esta profecía se considera cumplida, casi unánimemente por la mayoría de los intérpretes bíblicos, en la diabólica personalidad del rey sirio Antíoco Epifanes en el año 167 a/C., cuando éste puso fin a los sacrificios levíticos, profanó el templo de Jerusalén, levantó altares a Zeus y sacrificó cerdos en el santuario. Sin embargo, la alusión de Jesús a la profecía de Daniel, apuntaba hacia un suceso aun futuro para ellos; de ahí la observación del evangelista escrito entre paréntesis (el que lea entienda). Es obvio que Jesús no está negando ni tampoco aminorando el abominable y sacrílego desastre producido por este tirano, unos dos siglos antes de él en Jerusalén, sino mas bien, quiere dar a entender a sus oyentes, que sobre esa misma base histórica, ya conocida para ellos, habría de actuar y moverse otro evento aun mayor en un futuro no demasiado lejano, y en ese mismo lugar. En cambio, la Escatología tradicional (futurista), cree que la abominación desoladora es un evento aun futuro, y que se relaciona directamente con Israel. Para esta escuela, el periodo de siete años de tribulación (tiempo calculado a partir de la septuagésima semana de Daniel 9:27), es principalmente un periodo de prueba y preparación para la nación hebrea en su antesala al reino milenial que instaurará el Mesías a su regreso, en cumplimiento de los pactos de Dios con ellos, Durante este periodo de siete años, según Scofield, se desarrollarían los siguientes eventos:
• Un pacto de siete años entre un futuro príncipe romano (el cuerno pequeño de Dn.7:8) con los judíos.
• A la mitad de la semana, y por medio de la fuerza, este príncipe pone fin al pacto e interrumpe el ritual del culto judío, e introduce la abominación desoladora en el santuario.
• Inmediatamente, el príncipe romano inicia la persecución en contra de los judíos.
• El fin de la semana setenta concluye con el juicio sobre el desolador y trae consigo la justicia perdurable (el reino milenial)
• Scofield, además, argumenta que la prueba de que esta semana final aun no llega a su cumplimiento pleno, descansa sobre la afirmación de Jesús cuando dijo, que todos esos importantes eventos estaban relacionados con su segunda venida (Mt.24:6 y 15).
Decía que este es uno de los puntos más controversiales dentro de la doctrina escatológica, precisamente por la diversidad de opiniones que se vierten con respecto al tiempo de la tribulación de Mateo 24:21. La Escatología futurista, por ejemplo, ofrece tres teorías diferentes para determinar el posible tiempo de esta hora de prueba, situando su “anti-bíblica” doctrina del “rapto de la Iglesia”, como el punto principal de referencia. Según los partidarios de esta corriente interpretativa, Cristo podría venir por su Iglesia: “Antes, durante, o después” de la tribulación. Sin embargo, quienes sostenemos el modo de interpretación llamado Escatología Realizada o preterista, creemos que este tiempo de gran tribulación de Mateo 24:21, tuvo que ver exclusivamente con la nación de Israel, durante la destrucción del templo y la ciudad de Jerusalén en el año 70 del primer siglo.
Si leemos el pasaje paralelo a éste en Lucas 21, nos daremos cuenta que Jesús en ningún momento da a entender a sus oyentes judíos, que la gran tribulación afectaría a alguien más que no fueran ellos, los habitantes de Jerusalén y Judea, es decir, al pueblo de Israel existente en sus días. Veamos:
20Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.
21Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.
22Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.
23Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo.
24Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.
El verso 23 habla de “gran calamidad”, en lugar de gran tribulación como dice Mateo y también Marcos 13:19, pero es evidente que se trata del mismo evento. Mateo 24 enfoca todo su discurso hacia el pueblo judío, del mismo modo lo hace Marcos, pero al parecer a mis hermanos futuristas no les convence plenamente, porque por extraño que parezca, la doctrina sobre “la gran tribulación” está tomada de Mateo 24:21 y sus pasajes paralelos en los evangelios sinópticos, y al leerlo detenidamente, cualquiera puede entender que está hablando del pueblo judío, y de nadie más que ellos. Otro detalle muy importante en este pasaje de Lucas 21, es la alusión que Jesús hace a lo dicho por los profetas en el Antiguo Testamento (v.22), probablemente a Oseas 9:7 “Vinieron los días del castigo, vinieron los días de la retribución; e Israel lo conocerá. Necio es el profeta, insensato es el varón de espíritu, a causa de la multitud de tu maldad, y grande odio”.
Ahora bien, los futuristas aceptan que Jesús predijo en este discurso la caída de Jerusalén ocurrida en el año 70, pero para ellos, esto no fue más que un hecho histórico sin gran relevancia escatológica, porque el sentido real, escatológicamente hablando, que tuvieron las palabras de Jesús en el Monte de los Olivos, tendrá un cumplimiento fiel y trascendental, al final de los tiempos con la segunda venida de Cristo. Y para que este discurso tenga el sentido futurista que quieren darle, inventaron la regla hermenéutica llamada “ley del doble cumplimiento o referencia”. J.D. Pentecost dice sobre esta ley: “Dos eventos considerablemente separados en cuanto al tiempo de cumplimiento, pueden juntarse en la esfera de una profecía. Esto se hizo por cuanto el profeta tenía un mensaje para su propio día y también para algún tiempo futuro” Sobre este asunto, M.S. Terry expone: «Pero en el instante que admitimos el principio de que ciertas partes de la Biblia contengan un sentido oculto o doble, introducimos en el santo libro un elemento de incertidumbre y trastornamos toda posibilidad de interpretación científica. Dice el doctor Owen: “Si la Biblia tiene más de un significado, no tiene significado alguno”. Ryle dice: “Sostengo que las palabras de la Biblia se han dado con la intención de que tengan un sentido definido y que nuestro objeto principal debe ser el descubrir ese sentido y luego, adherirnos rígidamente a él… Decir que las palabras tienen cierto significado meramente porque son susceptibles de ser estrujadas para hacérselo tener, es una manera deshonesta y peligrosa de manejar la Escritura”» Resulta muy interesante comparar las distintas formas en que los tres evangelios sinópticos describen la presencia de la abominación desoladora que habló el profeta Daniel, y de esta forma, determinar el tiempo en que llegaría. Mateo dice: “cuando (la) veáis en el lugar santo” (v.15); Marcos 13:14 dice: “cuando (la) veáis… puesta donde no debe estar”; y Lucas 21:20 dice: “cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos”. Sea que esté en el lugar santo o donde no debe estar, lo cierto es que, esta abominación desoladora sería provocada por los ejércitos de Roma. No necesariamente debería interpretarse “lugar santo” al interior del Templo, sino que, y es lo que creo más razonable, Jesús lo pudo haber dicho por la ciudad misma, considerando que en el Antiguo Testamento Jerusalén es llamada “santa ciudad, y en especial, haciendo referencia a Daniel 9:27 en donde enfatiza: “tu santa ciudad”. No debe haber entonces ninguna duda con respecto al tiempo de la abominación desoladora. Lucas lo deja muy claro en el verso 20 cuando dice: “cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado”.
Eusebio de Cesarea, citando de los escritos de Josefo en su libro “Guerra de los judíos”, narra en su “Historia Eclesiástica” la escalofriante historia de una mujer de nombre María que vino a refugiarse por aquellos días en Jerusalén. Distinguida y de gran riqueza, y a quien los tiranos paulatinamente fueron despojando de todo cuanto poseía. Tal era su indignación e impotencia, que a menudo vituperaba y maldecía a los criminales, haciendo que estos se comportaran aun más feroces contra ella. Queriendo morir, mas sin hallar quién lo hiciera, cayó en la desesperación extrema, oprimiéndole el hambre las entrañas y la médula, y actuando éstos como malos consejeros, se fue en contra de su propia naturaleza, y agarrando a su hijo de pecho, dijo: “¡Desventurada criatura! En la guerra, en el hambre y en la revuelta, ¿para quién te cuidaré? Si llegamos a parar vivos en las manos de los romanos, la esclavitud. Pero el hambre llega antes que la esclavitud y los rebeldes son más terribles que ambas opciones. ¡Venga, pues! Sé mi aliento, la maldición de los rebeldes y un mito para el mundo; ¡lo único que faltaba a la desgracia de los judíos!” Mientras decía esto mató a su hijo. Luego lo asó y se comió una mitad, pero el resto lo ocultó.
Este inhumano y salvaje acto, que según el propio Josefo, ni los griegos ni los bárbaros registraron algo semejante en sus libros de historia, fue tan repugnante, aun para los mismos rebeldes, acostumbrados a derramar sangre y actuar con violencia desmedida, al enterarse del macabro sacrificio, después que la propia mujer presionada por ellos les confesara y les diera para que comieran de la otra mitad de su hijo que había guardado. “Es mi hijo, mi obra”, exclamaba aquella enloquecida madre. “Comed, pues yo también me he alimentado”. El relato termina describiendo cómo un escalofrío y un estupor se apoderó de estos bandidos, quienes salieron temblando de aquella casa, y por primera vez no habían quitado la porción de semejante alimento a su moradora. Eusebio, tomando como ejemplo esta aberrante crónica judía, dice: “Éste fue el castigo que recibieron los judíos por su delito y su impiedad para con el Cristo de Dios. Pero merece la pena añadir la verdadera profecía de nuestro Salvador, con la que manifestaba los mismos acontecimientos, cuando profetizaba como sigue: «Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.» (Mt.24:19-21)

Conclusión

para concluir este estudio sobre la gran tribulación, deseo hacer un breve comentario a los tres últimos versículos de esta sección:
20Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo;
21porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.
22Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.
“Vuestra huida no sea en invierno ni día de reposo”. Cómo éramos “manipulados” con este versículo en aquella pequeña iglesia en que me crié. Recuerdo que constantemente algunos predicadores, haciendo uso de su “ignorancia teológica”, decían a la congregación: “¡Ojalá, que nuestro Señor no venga en un día de invierno, cuando por causa de la lluvia o el frío, nos hayamos quedado en casa en lugar de haber venido al culto!” “¡Ojalá, que la venida del Señor no sea en un día sábado, cuando muchos hermanos anden paseando o de compras, en lugar de venir a la iglesia!”. Bueno, no deseo hacer mayor comentarios sobre estos “irrisorios” recuerdos de mi infancia, sólo los he puesto a modo de anécdotas. Pero lo que sí quería comentar, era nuevamente sobre la forma tan personal de Jesús para advertir a sus discípulos y gente que le oía su discurso: “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo”. Algunos comentarios bíblicos sobre esta advertencia de Jesús sugieren lo siguiente: la huida durante el invierno traería graves consecuencias, ya sea, que por el frío, la lluvia o la nieve, la gente más vulnerable, como niños y ancianos, se verían severamente afectados; por otro lado, muchos evitarían huir. En cuanto al día de reposo, nos señala que solamente un pueblo en toda la tierra podría observar con tanta diligencia ese día, los judíos, y esto nos demuestra, obviamente, que la advertencia iba dirigida específicamente a ellos. ¿Qué implicaba que la huida fuera en sábado? bueno, que las puertas de la ciudad estuviesen cerradas, o posiblemente por la restricción legal del día de reposo de caminar más de cierta distancia; para infortuna de ellos, esto sería un gran obstáculo para huir en aquel día. Fuera cual fuera el momento en que esta hora amarga llegara a la ciudad, la advertencia de Jesús era imperativa: ¡Huid! ¡Escapad! por vuestra vida, porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. El hecho de que Jesús haya magnificado la gran tribulación de aquellos días sobre Jerusalén, señalando de que no hubo nunca nada parecido, ni tampoco lo habría después de ésta, indica el tiempo en que esta tribulación tendría lugar. No estaba pensada para el fin del mundo, de lo contrario, no tenía sentido decir “ni la habrá”, si el tiempo llegaba solamente hasta ese instante. Y con respecto a lo que dice el verso 22, que por causa de los escogidos aquellos días serían acortados, de lo contrario nadie sería salvo, no es difícil entender estas palabras después que se ha leído lo anterior. Cuánta aflicción, cuanta mortandad. Josefo dice: “sumando el número de todos los muertos, ya sea por el hambre y/o por la espada, cayeron un millón cien mil personas” Todo esto ocurrió en el segundo año de gobierno de Vespasiano, o sea justo por el año 70 d/C., tal cual como Jesús lo había profetizado: “Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan” (Lc. 21:24). Si la guerra contra este pueblo hubiese durado más tiempo, ningún solo habitante de la ciudad de Jerusalén habría sobrevivido, o (habría sido salvo).

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