Los textos de este estudio bíblico son visiones de la actuación del poder creador y transformador de Dios, que hace nuevas todas las cosas ahora y en el futuro.
17 Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.
18 Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo.
19 Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor.
20 No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito.
21 Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas.
22 No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos.
23 No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos.
24 Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.
25 El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová.

Apocalipsis 21:1-8
1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.
2 Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.
3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.
4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. 5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.
6 Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.
7 El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
8 Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Este pasaje de Isaías tiene forma de un discurso divino que afirma poderosamente el poder transformador de Dios en el universo y la historia. Respondiendo a las lamentaciones y quejas de la comunidad de Israel después del destierro (Is, 63:15-64:12), Dios dice:
17 Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.
18Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. (Is. 65:17-18,)

Es preciso señalar, entre otros asuntos importantes, los siguientes:
1. Dios actúa en esta su re-creación divina de los nuevos cielos y una nueva tierra. La actividad divina creadora y transformadora deja su impronta divina en la nueva era.
2. El empleo de la forma participial del verbo “crear” en el texto original hebreo del pasaje atrae la actividad creadora divina al tiempo presente.
3. Las características cosmológicas de los cielos y la tierra se han transformado y redimido radicalmente.
4. La nueva Jerusalén viene de arriba, es decir, de Dios.
5. Las cosas de antes no deberán recordarse; la nueva era se ha introducido ya y la ciudad mesiánica se caracteriza por el banquete y el gozo mesiánicos.
6. En la nueva creación se ha establecido una importante relación entre Dios y el pueblo de Dios, los elegidos. En contraposición a las perspectivas universalistas de otros capítulos o libros de la Biblia, lo que transforma el cosmos es el cambio en la relación de la nación con el Señor.
En la nueva era, la comunidad será redimida. Bajo Dios se establece una nueva etapa en la historia. Las relaciones con Dios serán de tal intimidad que Dios está dispuesto a responder a los redimidos incluso antes de que se lo pidan (65:24).
Las notas características de la comunidad de la nueva era se describen ampliamente en los versículos 20 y siguientes. Las personas gozarán de los frutos de su propio trabajo (v.21), normalmente podrán esperar una larga vida (v.22) y construirán sus propias viviendas (v.22). Ocurrirá lo mismo con la tierra, los seres humanos, las plantas y las cosechas (v.22). Por último, los seres humanos serán fértiles y producirán su descendencia (v.23).
En cuanto a la calidad de la vida, la intimidad entre Dios y los seres humanos transforma el cosmos mismo, invirtiendo el orden natural de violencia entre el lobo y el cordero, o el león y el buey, y abriendo camino a la paz (v.25).
Hay que examinar más a fondo esta poderosa visión que describe una utopía. Pero es preciso tener cuidado en no propagar una nueva doctrina utópica que suene asocialmente ingenua o parezca escapar a otro mundo. Sólo se puede proclamar con integridad la doctrina utópica en el contexto de la misma comunidad de oración.
La perspectiva optimista de Isaías sugiere que hay hoy una esperanza para las situaciones y necesidades de las distintas comunidades de todo el Pacífico. Tenemos presente la agitación política existente en países como las Islas de Salomón, Papúa Nueva Guinea y Fiji, las situaciones de desolación de las naciones de tierras bajas y pobres en recursos de toda Micronesia y Polinesia, así como la corrupción existente entre los dirigentes de muchos otros países del Pacífico.
Hoy en día, la comunidad exílica del Pacífico está formada por:
1) emigrantes desilusionados que buscan mejores oportunidades de trabajo y estudio en países desarrollados vecinos;
2) las víctimas desamparadas que han dejado atrás los que se han marchado;
3) el público decepcionado que se siente desposeído de su libertad y de sus derechos a una vida justa y buena;
4) la mayoría afectada que desearía confiar, pero no encuentra ninguna seguridad en depositar su confianza en sus dirigentes para la administración de los aspectos políticos, sociales y económicos de sus vidas;
5) los creyentes marginales y los jóvenes que cada vez están menos convencidos del poder de sanación de la iglesia;
6) los dirigentes que hacen propaganda de una ‘vida mejor’ sin Dios.
El actual desterrado del Pacífico es una persona desplazada, tanto física como espiritualmente. Sin embargo, la idea de un nuevo cielo y una nueva tierra sigue siendo para esa persona un objetivo último deseable. La imagen sugiere que, en este cosmos re-creado, todo se renovará y se logrará un equilibrio de justicia. Isaías profetiza una intervención divina. Esta divinidad es el factor diferenciador entre las ideas de los creyentes y las de los no creyentes con respecto a una sociedad transformada. Sin embargo, sólo en esta divinidad es posible esa transformación.
Al pedir que actúe el poder transformador de Dios estamos admitiendo que sólo Dios puede marcar la diferencia. Sin Dios, no hay ninguna diferencia porque sólo Él es quien crea y re-crea. El cambio espiritual de las gentes del Pacífico, ahogadas en el oleaje de la desconfianza, la desilusión, la desesperación, el alcoholismo y otras lacras sociales, ha creado un abismo cada vez más profundo que debe colmarse con un llamamiento a la intimidad con Dios. Esta intimidad se encuentra en la creación de la paz, la confianza y la esperanza y en el regreso del destierro a una relación mayor y más profunda con Dios. Los cristianos están llamados a dar a conocer mejor la presencia de Dios en los distintos aspectos de la vida, convirtiéndose ellos mismos (nosotros mismos) en los medios por los que se da a conocer el carácter de Dios.

CONCLUSIÓN
Dios escuchó los lamentos y quejas de Israel y el profeta anunció su próxima liberación, se nos exige ahora a nosotros que respondamos a los lamentos y quejas de las poblaciones del Pacífico en esta era contemporánea. Se nos exige que trasmitamos el mensaje de que el reino de Dios está cerca y que este reino, que consiste en la paz y el amor de Dios, es accesible. El poder transformador de Dios no sólo es un poder físico, sino también una fuerza espiritual por medio de la cual mejoran las vidas y se perfecciona la integridad. Todo esto puede conseguirse únicamente en virtud del poder transformador de Dios.

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