A. Josué 6 registra la toma de Jericó. El v. 17 dice, “Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella”; el v. 19 explica: “toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová” (v. 24 también).
B. “No sea que hagáis anatema el campa¬mento de Israel, y lo turbéis” (v. 18).
I. Acán conoció la ley y el poder de Dios.
Disfrutaba de grandes bendiciones:
A. Estuvo presente cuando Moisés repitió la ley (el libro de Deuteronomio está compuesto por estos discursos).
B. Vio la división de las aguas del río Jordán; vio las doce piedras erigidas como monumento a ese gran evento (Josué 4:1-8).
C. Vio el milagro de Jericó, los muros de¬rribados por el poder de Dios.
II. Acán a sabiendas y deliberadamente des¬obedeció a Dios.
Obsérvense varios aspectos de su rebelión y sus consecuencias:
A. Los israelitas fueron derrotados por los de Hai, enemigo pequeño. “No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil o tres mil… son pocos” (7:3, 4).
B. Treinta y seis israelitas murieron como consecuencia del pecado de Acán.
C. El corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua. Compárese Lev. 26:7, 8.
D. Este pecado humilló a Josué y a los an¬cianos, 7:6. Siempre lo hace el pecado.
E. Dios inculpa a toda la congregación, 7:1; v. 11, “Israel ha pecado”. Quebrantó el pacto.
F. Deshonró al nombre de Jehová. 7:9.
G. Lo que Acán hizo se consideró “robo”. Los despojos pertenecieron a Dios. “Han hur¬tado”, v. 11. “Lo han guardado entre sus en¬seres”, como si tuvieran el derecho de llevárselo.
H. “Han mentido”, v. 11. Es decir, practi¬caron la simulación, hipocresía, llevando el dis¬fraz de inocencia, como si en verdad nada hu¬biera acontecido fuera de orden. Prov. 30:20, “El proceder de la mujer adúltera es así: Come, y limpia su boca y dice: No he hecho maldad”. Compárese la simulación de Pedro, Bernabé y otros hermanos en Gál. 2:11-14.
III. El castigo de Acán y por qué se castigó.
A. Israel no podía esperar la ayuda de Dios cuando había pecado en el campamento.
B. “Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda” v. 12.
C. “Por cuanto han venido a ser anatema” v. 12. (7:18, “no sea que hagáis anatema el cam¬pamento de Israel”.)
D. Su pecado turbó a Israel. 6:18; 7:25.)
E. Por lo tanto, “Levántate, santifica al pueblo”; es decir, prepárense para la inspec¬ción de Jehová, y para disciplinar al pecador. Prepárense los corazones para quitar del cam¬pamento lo que estorba. La condición pecaminosa no se mejora sola. Si se descuida, se hace peor.
F. “Josué, pues, levantándose de mañana…” (v. 16), temprano, con urgencia. “Maldito el que hiciere indolentemente la obra de Jehová”, Jer. 48:10. El pastor debe buscar inmediatamente la oveja descarriada.
1. Josué no esperó otra advertencia de Dios; no esperó hasta que otros hermanos le “empujaran” a hacer su deber.
2. No hizo excusas para posponer este tra¬bajo desagradable.
3. No se preocupó por los sentimientos de los familiares y amigos del hombre culpable.
4. Conociendo la voluntad de Dios, enten¬diendo las consecuencias devastadoras del pecado, estuvo resuelto a corregirlo cuanto antes.
G. Se hizo una inspección completa, no haciendo acepción de personas (Rom. 2:11): era inspección tribu por tribu, familia por familia, casa por casa, hombre por hombre.
1. Si hubiera hallado al culpable entre sus propios familiares, sin duda lo habría castigado.
2. “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicios, no ha¬ciendo nada con parcialidad”, 1/Tim. 5:21.
H. Dice Josué a Acán: “¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día”, 7:25.
1. Una iglesia fuerte dirá lo mismo.
2. Es urgente reconocer que el pecado nos turba, nos limita, y nos estorba en muchas maneras. Es preciso quitar las ofensas.
3. Hoy en día queremos disculparnos por no crecer más. Criticamos al predicador, hablamos de los métodos usados, de la pobreza de la membrecía o a veces se menciona la falta de educación de algunos, cuando en realidad el problema verdadero es que ¡hay pecado en el campamento! La influencia de la iglesia entre los de afuera es impotente y nula si éstos ob¬servan pecado entre nosotros, pecado que no se corrige. Los cananeos modernos se fijan mu¬cho en la condición de los que profesan ser cristianos.
I. Josué y todo Israel administraron el cas¬tigo, vv. 24-26.
1. A veces la disciplina no es efectiva porque solamente unos cuantos miembros co¬operan con ella, mientras que otros miembros se quejan, y tienen una “simpatía” equivocada para con los culpables que necesitan correc¬ción. Tales miembros necesitan corrección también. Pablo habla de la “reprensión hecha por muchos” (2/Cor. 2:6). Compárese Números 16: cuando Coré y sus compañeros fueron cas¬tigados, hubo murmuración entre la gente y Dios envió mortandad que destruyó a 14,700 personas.
2. 1/Cor. 5:4-5 “reunidos vosotros” (toda la iglesia), “el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”.
J. Fueron apedreados y quemados todos los de Acán (“todo cuanto tenía) 7:24, 25.
K. Entonces — y no antes — “Jehová se volvió del ardor de su ira”, 7:26.
III. Dios no tolera el pecado en la iglesia.
A. Léanse capítulos 2 y 3 de Apocalipsis.
1. Apoc. 2:5, Jesús dice a Pérgamo, “recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete”.
2. Apoc. 3:3, Jesús dice a Sardis, “acuérdate, pues, de lo que has recibido y guárdalo, y arrepiéntete”.
B. Apoc. 3:19, Jesús dice a Laodicea, “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete”.
C. Mateo 18:15-17, “Por tanto, si tu her¬mano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”.
1. Este texto tiene que ver con la acción in¬dividual en asuntos personales entre hermanos. Muchas veces el problema se resuelve si esta enseñanza de Jesús se practica, pero si no se obedece esta enseñanza, el problema crece.
2. No hay ningún problema pequeño; todo asunto, toda ofensa, todo disgusto necesita atención (corrección) inmediata, para que haya armonía entre hermanos. La reprensión (Lucas 17:2) requiere valor, pero produce buenos fru¬tos.
3. El hermano rebelde e incorregible — si no escucha a la iglesia — será entonces excluido de la comunión de la iglesia.
4. Jesús hablaba en esa ocasión a los judíos. Vemos en Mateo 10:5 que su ministerio fue para las ovejas perdidas de la casa de Is¬rael. Cuando les dijo, pues, que el hermano in-corregible debería ser tratado como gentil o publicano, todos entendieron que con el tal no debería haber asociación. Empleó esta ilus¬tración porque los judíos nunca comieron con los publicanos y gentiles; no tenían ninguna relación social con ellos. Y este es el punto preciso de Jesús: no tener relaciones sociales con el hermano disciplinado (en verdad, este rechazamiento social es la disciplina que le duele más y posiblemente efectúe su arrepen¬timiento).
5. No conviene, pues, que dos hermanos disgustados el uno con el otro, vayan al culto y se sientan el uno en un lado del salón y el otro en otro, sin saludarse. El problema entre ellos debe ser tratado y resuelto inmediatamente, para el bien de sus almas y para la paz de la iglesia.
D. Romanos 16:17, “Mas os ruego, her¬manos, que os fijéis en los que causan divi¬siones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos”.
1. Si alguien causa divisiones, sembrando discordia entre hermanos (Prov. 6:19; Gál. 5:20), debe ser reprendido y si no se arre¬piente, debe ser identificado públicamente y evitado por la iglesia (“que os apartéis de ellos”).
2. La palabra “tropiezos” significa oca¬siones de caer. La falsa doctrina y los malos ejemplos que conducen al pecado, sirven de trampa y lazo para los miembros, y mayor¬mente para los más débiles. (Compárese Je¬roboam, hijo de Nebat “el cual pecó, y ha he¬cho pecar a Israel”, 1/Reyes 14:16). Dice Jesús en Mateo 18:6, 7, “cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar”, “¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!” No conviene que la iglesia tolere al miembro que causa tropiezos. Un poco de levadura leuda toda la masa (1/Cor. 5:6).
3. Puede ser problema de doctrina: dice Pablo, “en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido”. Cualquier miembro que no quiere aceptar la sana doctrina debe ser disci¬plinado.
E. 1/Cor. 5. En este capítulo un fornicario en Corinto es mencionado. “En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Je-sucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”, v. 4, 5. Esta acción es pública y congregacional; es por la autoridad del Señor Jesús; y es para salvar al hermano culpable. 2/Cor. 2:6 se refiere a su restauración después de ser disciplinado; su espíritu fue salvo cuando su carne fue des¬truida. La disciplina conserva limpia a la igle¬sia. “¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?” v. 6. La iglesia entera se puede perder si la corrupción no se quita; por lo tanto, debemos lamentar todo pecado, v. 2. Cuando la iglesia hizo lo que Pablo mandó (v. 5), los miembros ya no podían asociarse con el hermano (v. 11, “con el tal ni aun comáis”, es decir, comida ordinaria, la comida que los cristianos sí pueden comer con los del mundo, v. 10. Pablo no se refiere a la cena del Señor, porque los cristianos no pueden comer la cena del Señor con los del mundo. No podía haber compañerismo social con el hermano mencionado en este texto. La disciplina quiere decir castigo, aflicción; duele mucho, y es para humillar al hermano pecador, para vencer su orgullo y vanidad para que se sujete a la vo¬luntad de Dios. 2/Cor. 2:6, la palabra reprensión quiere decir “castigo” (véanse la Versión Mo¬derna, La Biblia de Las Américas y otras ver¬siones), o sea la pena que el hermano no arrepentido debe sufrir por su pecado. Dios requiere que la iglesia castigue a los miembros que no quieren arrepentirse, no con vara, no con encarcelamiento, no con multa, sino que “os fijéis en” ellos, “y que os apartéis de ellos”, “con el tal ni aun comáis”, etcétera. Esta disciplina es muy efectiva; es la sabiduría de Dios para sal¬var el alma del delincuente espiritual y para mantener la pureza de la iglesia.
F. 2/Tes. 3:6, 14 “Pero os ordenamos, her¬manos, en el nombre de nuestro Señor Jesu¬cristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la en¬señanza que recibisteis de nosotros … Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence”.
1. Es mandamiento, ordenanza del Señor Jesucristo, dado por Pablo bajo la inspiración del Espíritu Santo. No es mandato opcional (pues el Señor no tiene mandamientos opcionales); no es asunto de conveniencia que se pueda acep¬tar o rechazar según el capricho humano. El bautismo es mandamiento del Señor y también en este texto Pablo usa la palabra “mandamiento”.
2. “Desordenadamente” quiere decir “fuera de su lugar, no marchando en fila, no disci¬plinado, insubordinado”. La regla que usar es “la enseñanza que recibisteis de nosotros”, los apóstoles; “lo que decimos por medio de esta carta” (o cualquier carta inspirada).
3. La pena consiste de dos cosas: (1) “señaladlo”; es decir, identificarlo pública¬mente. Por ejemplo, cuando un individuo es bautizado, anunciamos su nombre a la congre¬gación. Lo mismo cuando al¬guien es restaurado, o si viene algún hermano fiel de otra congregación. Los señalamos, revelamos su identidad, y el estado de su membrecía. Lo mismo se requiere cuando algún miembro llega a ser miembro infiel, ya que reprochó y aver¬gonzó tanto a la iglesia como a sí mismo. Este, por su mala conducta y negligencia, es mala levadura que corrompe a la iglesia. “Señaladlo”. Y (2), “no os juntéis con él”. Se refiere a lo mismo que 1/Cor. 5:11, el compañerismo social (“con el tal ni comáis”).
4. Esto se hace “para que se avergüence” (y consecuentemente, para salvarlo).
5. “Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano”. El único con¬tacto con él será para amonestarle. La palabra amonestar (noutheteo) quiere decir exhortar en el sentido de “advertir” de peligro (el juicio), y no solamente suplicar.
G. 1/Tes. 5:14, “amonestéis a los ociosos” (dice el griego, “los que andan desordenadamente”, Versión An¬tigua de Valera). Es necesario amonestar primero (dar suficiente advertencia); luego “señalar” públicamente y no juntarse en ninguna forma social con él hasta que se arrepienta.
H. Tito 3:10 “Al hombre que cause divi¬siones, después de una y otra amonestación deséchalo”.
I. 1/Tim. 1:19, 20, “manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufra¬garon en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar”. Hay algunos que no pueden aprender de otro modo. Es el plan de Dios para “enseñarles”.
Conclusión
Amados debemos respetar la ley de Dios con respecto a la disciplina. Si no enseñamos la consecuencia de la desobediencia de la ley de Dios, no habrá respeto por ella. Dios da poder a la iglesia para aplicar y ejecutar su ley en la iglesia. Las instrucciones son claras.
Hablamos mucho de respeto por la au¬toridad de Cristo. Hablamos de ella en contraste con la autoridad de los hombres y sus iglesias pero aquí está una prueba seria para nosotros mismos. Si la respetamos en verdad, practicaremos la disciplina que El nos manda. Si no la practicamos, entonces no nos conviene llamarnos “iglesia de Cristo”, porque no le seguimos en este punto.
El pecado causa sufrimiento en la igle¬sia, y conviene que los culpables sufran y no los inocentes. Los hermanos negligentes, mun¬danos, traidores, escandalosos hacen sufrir a los hermanos fieles. El mundo se burla de la iglesia. Nos re¬cuerdan siempre de la mala conducta de “los miembros de su iglesia”. Es tiempo de que los mismos culpables sufran la pena que Dios re¬quiere.
Esta enseñanza debe aplicarse con amor. “Yo reprendo y castigo a todos los que amo” (Apoc. 3:19). Léase Heb. 12:6-12. El v. 7 dice “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” Luego el v. 8 añade, “Pero si se os deja sin disciplina, de la cual to¬dos han sido participantes, entonces sois bas¬tardos, y no hijos”. Este texto se refiere a la persecución de cristianos, cosa que Dios per-mite. Pero se aplica igualmente a la disciplina en el sentido de corregir el pecado y el error en la iglesia. Toda forma de disciplina es necesaria si amamos a los hijos y si amamos a nuestros hermanos infieles.
Es el plan de salvación para ellos. Predicamos el plan de salvación (oír, creer, arrepentirse, confesar la fe, bautizarse) para los pecadores del mundo. Debemos predicar también el plan de Dios para la salvación de los hermanos pecadores: enseñar y exhortar; reprender y amonestar; entonces, si no se arrepienten, señalarlos y apartarnos de ellos. ¿Cuántos hermanos se perderán por la falta de disciplina. ¿No será la sangre de ellos sobre las manos de los responsables? ¿Qué nos dirá Dios a nosotros si descuidamos esta enseñanza?
¿Por qué no se practica esta disciplina? Porque para algunos los sentimientos del hermano pecador y sus familiares y amigos son más importantes que la salvación de su alma y más importantes que la pureza de la iglesia.
Debe haber una lista correcta de los miembros en cada iglesia. No debe haber duda en cuanto al estado de la membresía de nadie. Cuando alguna persona es bautizada o restau¬rada, se anuncia su nombre públicamente. Si peca y no quiere corregirse, debe haber otro anuncio público para señalarlo y para explicar a todos los miembros que es necesario apartarse de él, y no tener compañía con él, a fin de que se avergüence y se vuelva al Señor.
Debe haber distinción clara entre miembros fieles e infieles.
“Y tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor, en que hacéis y haréis lo que os hemos mandado” 2/Tes. 3:4 (dos ver-sículos antes de mandar la disciplina). ¿Diría lo mismo de nosotros?

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