“Palabra fiel:
Si alguno anhela obispado, buena obra desea”.

Introducción:
Debemos comprender los requisitos bíblicos para el liderazgo de la iglesia y orar por aquellos que ejercen esos puestos.
1/Tim, 3:1
UN VISTAZO PRELIMINAR
Hay dos oficios escriturales en una iglesia del Nuevo Testamento. Estos son los oficios del pastor y el diácono. La palabra traducida obispo literalmente significa “supervisor, o uno que ve por encima”; y la palabra diácono significa “siervo”. Una iglesia necesita de aquellos hombres que supervisan las necesidades espirituales y de aquellos que sirven a otros.
A través de los años muchos de quienes sirven en las iglesias de varias formas han sido llamados oficiales de la iglesia, pero en verdad sólo hay dos oficios bíblicos en una iglesia. Debido a que éstos son importantes y significativos, Dios le dio a Pablo instrucciones para Timoteo en cuanto a los requisitos que debían tener los hombres que sirvieran en estos puestos.
Primero debemos observar que este es un trabajo, no un puesto ni un honor. Ningún hombre debe aceptar ninguna posición en el servicio del Señor buscando su propia honra o la gratificación de la carne. Ninguna iglesia debe ordenar a un hombre a manera de honrarlo. Éstos son puestos de servicio al Señor y a otros cristianos. Hay trabajo involucrado y el deseo sincero de todo hijo de Dios debe ser el de servir al Señor sirviendo a otros.
Jesús enseñó específicamente que las iglesias no deben operar según las reglas del mundo (Mt. 20:25-27). A través de los años muchas iglesias han ignorado esta clara enseñanza y esto ha producido mucho daño. Jamás debemos ver al mundo para buscar un patrón de trabajo para la iglesia.
Estas enseñanzas pueden parecer estrictas y anticuadas, pero como todas las demás Escrituras, transmiten verdades eternas que debemos tomar con seriedad y aplicarlas fielmente a nuestro diario vivir.
UNA MIRADA MÁS CERCANA
I. Lo que debería ser un pastor
1 Timoteo 3:1¬7
1. Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea.
2. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar;
3. no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro;
4. que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad
5. (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?);
6. no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la conde¬nación del diablo.
7. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.
El primer requisito que es esencial en un pastor es que Dios haya puesto en su corazón el deseo para este trabajo. Muchos hombres entran al ministerio para varias razones. La única razón para ser un predicador es que Dios lo haya llamado a serlo. Este es un requisito así como cualquiera de los demás enumerados aquí, y éste se ubica primero.
Pero también hay requisitos eternos así como internos. Un obispo, o pastor, debería ser irreprensible, o intachable. Ahora, sabemos que nadie puede vivir por encima del pecado, pero un pastor debe vivir con sus pecados perdonados y su vida al des-cubierto.
Debe ser fiel a una esposa. Este término usado aquí es literalmente “hombre de una sola mujer”. Muchos se quedan pegados en este requisito e ignoran todo lo demás. Esto es triste porque lo que aquí se describe es una vida completa de un hombre, no de una colección de partes. Mire estos requisitos en contexto uno con otro y verá que un hombre que reúne todos los demás requisitos también será hombre de una sola mujer.
Un obispo debe vivir una vida controlada y disciplinada. Tiene que estar despierto y pendiente, o vigilante y sobrio. Debe ser dado a la hospitalidad. En otras palabras un pastor tiene que ser una persona de gentes. El trabajo de la iglesia es trabajo de gentes. Un líder de la iglesia no puede retirarse a un tipo de lugar santo de estudio y simplemente enviar por correo sus sermones de vez en cuando. Realmente tiene que vivir donde viva su gente e interactuar con ellos diariamente.
Tiene que ser apto para enseñar. Debe poseer un corazón de maestro así como un corazón de siervo. No es suficiente saber lo que dice la Biblia, el pastor también debe poder comunicarles a otros lo que sabe.
Su autocontrol tiene que ser personal así como profesional. El obispo de una de las iglesias del Señor tiene que vivir una vida que refleje la disciplina personal. No debe ser alcohólico ni perder su temperamento y golpear a otros. No debe ser codicioso ni avaro. Estos no son conceptos difíciles de captar, y son requisitos como cualquiera mencionados aquí.
Un pastor debe estar en control de su propia casa. Su esposa y sus hijos deben estar involucrados en su ministerio y ellos deben tomar su llamado con la misma seriedad que él. La razón es simple. Si un hombre no sabe cómo supervisar su propia casa, no podrá supervisar una iglesia. Ahora, tenemos que tener cuidado aquí. Ningún pastor está libre de pecado ni tampoco su familia. Este no es un mandato a la perfección sino en conformidad con la voluntad revelada de Dios.
Este hombre no debe ser novato. Hay un gran peligro en tomar un consejo espiritual de aquellas personas cuyo crecimiento espiritual no es como el suyo. Todos maduramos en distintas líneas. Aunque puede que el pastor no esté completo en su crecimiento espiritual, no debe ser uno quien no haya enfrentado al demonio del orgullo. Si un hombre predica por un breve periodo, Dios le enseñará humildad, y esta es una lección que debe ser aprendida antes que se le dé la supervisión de una iglesia.
Observe que para el pastor orgulloso hay condenación de parte del diablo, y también hay una trampa para el hombre que no tenga un buen reporte de parte de aquellos fuera de la iglesia. Los predicadores se hacen, no nacen. Antes que un hombre fuera pastor, fue algo más, y debería ser un cristiano practicante antes de tomar la supervisión de una iglesia. Quienes no lo conocen como predicador lo deberían conocer como un cristiano fiel y dedicado.
Al leer esta lista usted podría preguntar: “¿Podría alguien real-mente reunir estos requisitos?” Sí, hay muchos que pueden. Esto no es un juego de metas imposible e inalcanzable. Sí, esta es una lista práctica y exclusiva, pero éste también es un trabajo importante y bueno. Dios llama a tales hombres, y Dios usa a tales hombres para guiar y supervisar esta área en el servicio a Él.
Creo que no hay mayor llamamiento en esta tierra que el llamado a ser pastor de una de las iglesias del Señor. No hay oficio mayor. Muchas personas están haciendo cosas grandes y buenas para ayudar a la humanidad, pero ningún hombre está haciendo más que el hombre que sirve a una iglesia y proclama el mensaje que es el poder de Dios para salvación. Mucho tiempo después que se haya olvidado todo lo bueno que hayan hecho esos hombres, la predicación del evangelio dará recompensas eternas para los que las oigan y crean. No es de extrañar que Pablo declarara que aún los pies de quienes anuncian estas buenas nuevas son hermosos (Ro. 10:15).
II. Lo que debería ser un diácono
1/Tim, 3:8¬-13
8. Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas;
9. que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia.
10. Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles.
11. Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.
12. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas.
13. Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.
Los primeros diáconos fueron escogidos para tratar con un serio problema en la iglesia de Jerusalén (Hch. 6:18). Debido a la naturaleza delicada del problema, se necesitaban hombres especiales para ayudar a resolver este asunto. Más tarde Pablo instruye a Timoteo a que escoja este mismo tipo de hombres como siervos en la iglesia de Éfeso.
El Nuevo Testamento parece ser claro en enseñar que los diá-conos, o siervos de la iglesia, deben velar por los asuntos materiales de una iglesia de tal manera que los pastores puedan dirigir sus esfuerzos y talentos en los asuntos espirituales. Para hacer esto de manera apropiada los hombres a quienes se les adjudica dicho puesto de servicio deben reunir algunos requisitos particulares.
Primero, deben llevarle su servicio a Dios con seriedad. Deben ser honestos. Esta palabra sugiere que deben ser serios y dignos en su cristianismo personal. Deben ser sin doblez. Esta palabra sugiere decir lo mismo dos veces pero de maneras distintas. Un diácono debe hablar consistentemente sin importar cuáles sean las circunstancias.
Así como el pastor, ellos no deben estar bajo el poder del alcohol, o en su equivalente, ningún otro químico. La sobriedad y el autocontrol son absolutamente esenciales para cualquiera de estos oficios. Tal como el obispo, el siervo no puede estar codiciando cosas materiales. Quienes estén a cargo de las cosas físicas tendrán alguna influencia sobre las cosas monetarias, y un hombre codicioso no tiene lugar en los oficios de una iglesia.
Añadido a esto hay un requisito espiritual. Un diácono debe tener la relación correcta con el Señor, y debe tener una relación correcta con la verdad. El misterio de la fe expresa el rango de doctrinas que se dan a conocer a los que son creyentes en Jesucristo. Un siervo debe entender su puesto adecuado según la revelada Palabra de Dios. Las iglesias mundanas establecen responsabilidades no bíblicas para los diáconos. La Biblia nos dice las responsabilidades verdaderas de este oficio. Un hombre que es diácono debe comprender la enseñanza bíblica acerca de su oficio y las labores que debe llevar a cabo. Específicamente, los diáconos de una iglesia no son una junta directiva a cargo de tomar todas las decisiones de operación de una iglesia. Son siervos que están a cargo de llevar a cabo las órdenes que la iglesia les da. De igual forma una iglesia está sujeta a las órdenes de la Cabeza de la iglesia y la Cabeza de la iglesia es Jesucristo.
Antes de asumir las labores de su oficio, estos hombres deben ser probados, u observados, y comprobar que son dignos. Algunas iglesias demasiado tarde se han dado cuenta que escogieron a los hombres equivocados para servir en esta posición.
Así como el pastor debe estar a cargo de su familia, los diáconos deben ejercer una influencia apropiada sobre sus hogares. Sus esposas deben compartir su interés por este ministerio. Ningún siervo de Dios debería tener la lucha ardua de una constante batalla en el hogar para servir al Señor en la iglesia. La esposa de un diácono debe ser humilde y compartir orgullosamente el servicio de su esposo al Señor. La esposa hará esto cuidando sus palabras y evitando las calumnias y los chismes. Será sobria, o vigilante, y será fiel. Uno de los requisitos principales de cualquier siervo es ser fiel (1/ Co. 4:2).
Como obispo, el siervo también debe ser hombre de una sola mujer. La terminología aquí es exactamente la misma que la usada para el pastor. Los diáconos de igual manera deben ser líderes en sus propios hogares. Deben vivir vidas ejemplares para quienes sirven.
Aquí se menciona una recompensa específica para los diáconos. Quienes sirven bien el oficio, o sea, los que cumplen con sus labores de manera apropiada y escritural como diáconos, tendrán una recompensa buena por su servicio, y también crecerán en la gracia y el conocimiento del Señor; así tendrán autoridad en su testimonio a otros.
UNA PALABRA FINAL
Puede que veamos estos requisitos como rigurosos, pero Dios no. En Éfeso hubo hombres que podían reunir estos requisitos a pesar del hecho que esta ciudad estaba sumida en la idolatría y la inmoralidad. Dios todavía espera que las iglesias suyas encuentren hombres que reúnan estos requisitos bíblicos.
Estos versículos hablan sobre el llamamiento más alto en el mundo y sobre aquellos que ayudan a quienes tienen ese llamado. El trabajo es grande, la recompensa es grandiosa y los requisitos son estrictos. No todos pueden reunir estos requisitos, pero en todos los tiempos Dios ha tenido hombres que pueden hacerlo.
No hace falta establecer que ambos oficios deben ser ejercidos por hombres. No hay lugar en la Biblia que enseñe que las mujeres puedan ejercer el oficio de un pastor. Esto no desacredita a las mujeres. Ningún hombre puede ser madre; pero esta es la enseñanza directa de la Palabra de Dios. También es cierto que hay multitudes de hombres que tampoco reunirán estos requisitos. Esto no quiere decir que estos hombres no puedan servir al Señor, pero sí quiere decir que no pueden servirlo en estas dos posiciones específicas.

Conclusión
Todo hijo de Dios y todo miembro de una iglesia deben tomar en serio estos versículos. Nosotros debemos orar que Dios llame hombres al ministerio y que Él los guíe a sus propios campos de servicio. Debemos darle gracias a Dios por los hombres fieles que sirven en estos oficios, y jamás debemos sustituir nuestro pensamiento y sabiduría por la enseñanza de las Escrituras.

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